sábado, 26 de abril de 2014

8 de la Mañana, de Ray Faraday Nelson

Al final del espectáculo, el hipnotizador dijo a los hipnotizados:

Despierten”.

Algo extraordinario sucedió.
Uno de los hipnotizados despertó del todo. Esto nunca antes había ocurrido. Su nombre era George Nada y parpadeó entre el mar de caras en el teatro, al principio sin ser consciente de nada fuera de lo habitual. Entonces observó, moteadas aquí y allá en la multitud, las caras no humanas, las caras de los Fascinadores. Habían estado allí todo el tiempo, claro, pero sólo George estaba realmente despierto, así que sólo él les reconoció por lo que eran. Lo entendió todo en un instante, incluso el hecho de que si daba alguna señal exterior, los Fascinadores le ordenarían regresar a su anterior estado de inmediato, y él obedecería.
Salió del teatro hacia la calle, a la noche de neón, evitando cuidadosamente cualquier indicio de que podía ver la carne verde reptil o los múltiples ojos amarillos de los dominadores de la Tierra. Uno de ellos le preguntó: “¿Tienes fuego, socio?”. George le dio fuego, y luego siguió su camino.
De cuando en cuando, a lo largo de la calle, George veía los carteles colgantes con fotografías de los múltiples ojos de los fascinadores y varias órdenes impresas bajo ellos, tales como, “trabaja ocho horas, diviértete ocho horas, duerme ocho horas” y “cásate y ten hijos”. Una TV en la vidriera de una tienda captó su atención, pero logró desviar la mirada justo a tiempo. Cuando no miraba al Fascinador en la pantalla, podía resistir la orden de “sigue sintonizado esta emisora”.
George vivía solo en una pequeña pensión, y apenas llegó a casa, lo primero que hizo fue desenchufar la TV. Aunque podía oír la TV de sus vecinos en las otras habitaciones. La mayoría del tiempo las voces eran humanas, pero de vez en cuando oía los graznidos extraños y arrogantes, como de pájaro, de los alienígenas. “Obedece al gobierno”, decía un graznido. “Somos el gobierno”, decía otro. “Somos tus amigos, tu harías cualquier cosa por un amigo, ¿no?”.

¡Obedece!
¡Trabaja!

De pronto, sonó el teléfono.
George contestó. Era uno de los Fascinadores.

Hola”, graznó. “Soy su control, el Jefe de policía Robinson. Usted es un hombre viejo, George Nada. Mañana por la mañana a las ocho en punto, su corazón se detendrá. Por favor, repíta”.

Soy un hombre viejo”, dijo George. “Mañana por la mañana a las ocho en punto, mi corazón se detendrá”.

El control colgó.
“No, no lo hará”, murmuró George.
Se preguntó porqué le querían muerto. ¿Sospecharían que estaba despierto? Probablemente. Alguien podría haberlo notado, haber observado que no respondía de la misma manera que los demás. Si George seguía vivo un minuto más después de las ocho de la mañana, lo sabrían con total seguridad.
“Es absurdo esperar el final aquí”, pensó.
Salió a la calle otra vez. Los carteles, la TV y las ocasionales órdenes de los extraterrestres que encontraba, no parecían tener un poder absoluto sobre él, aunque todavía una fuerte tentación de obedecer, de ver las cosas como su amo quería que las viera. Pasó un callejón y se paró. Uno de los extraterrestres estaba solo allí, apoyado en la pared. George caminó hacia él.
“Sigue tu camino”, gruñó la cosa, enfocando sus letales ojos en George.
George sintió vacilar su autodominio. Por un momento, la cabeza reptil se disolvió dentro de la cara de un adorable viejo borracho. Por supuesto, el borracho era adorable. George cogió un ladrillo y lo estrelló contra la cabeza del viejo borracho con toda su fuerza. Por un momento, la imagen se distorsionó, luego la sangre azul-verdosa salió de la cara y el lagarto cayó, encogiéndose y retorciéndose. Un momento después estaba muerto.
George arrastró el cuerpo hacia de las sombras y lo tanteó. Había una pequeña radio en un bolsillo, un cuchillo y un tenedor curiosamente tallados en el otro. La pequeña radio decía algo en un idioma incomprensible. George la dejó al lado del cuerpo, pero se quedó con los utensilios de comer.
“No hay posibilidad de escapar”, pensó George. “¿Por qué habría de combatirlos?”
Tal vez pudiera. ¿Qué tal si lograba despertar a otros? Valía la pena intentarlo.
Caminó doce manzanas hasta el apartamento de su novia Lil, y llamó a la puerta. Ella lo recibió en bata.
Quiero que despiertes”, dijo él. “Estoy despierta”, dijo ella. “Entra”.

George entró. La TV estaba funcionando. La apagó.

No”, dijo él. “Quiero que despiertes de verdad”. Ella le miró sin entender, así que  chasqueó los dedos y gritó, “¡Despierta! ¡Los amos te ordenan que despiertes!

¿Estás loco, George?” preguntó ella de modo suspicaz. “Estás comportándote realmente raro”. Él la abofeteó. “¡Lárgate!” gritó ella, “¿Qué demonios pretendes?”.

Nada”, dijo George, dándose por vencido. “Solo estaba bromeando”.

¡Abofetearme no es solo bromear!” gritó ella.

Alguien llamó a la puerta. George la abrió. Era uno de los alinígenas.

“¿Podrían hacer menos ruido?”, dijo.
Los ojos y la carne reptil se desvanecieron un poco y George vio la vacilante imagen de un hombre gordo de edad mediana, en mangas de camisa. Aún era un hombre cuando George le cortó el cuello con su cuchillo de cocina, pero era un alienígena antes de caer al suelo. Lo arrastró dentro del apartamento y cerró la puerta de una patada.
¿Qué ves allí?” preguntó a Lil, señalando la cosa-serpiente de múltiples ojos en el suelo.

El señor… el señor Coney”, susurró ella, con los ojos desorbitados de horror. “Lo has matado como si nada”.

No grites” advirtió George, avanzando hacia ella.

No lo haré George. Juro que no lo haré, sólo por favor, por el amor de Dios, suelta ese cuchillo”.

Retrocedió hasta que sus omóplatos tocaron la pared.
George se dio cuenta que era en vano.

Voy a atarte”, dijo George. “Primero dime en qué habitación vivía el señor Coney”.

La primera puerta a tu izquierda, hacia las escaleras”, dijo ella. “Georgie… Georgie. No me tortures. Si vas a matarme, hazlo limpiamente. Por favor, Georgie, por favor”.
La ató con las sábanas de la cama y la amordazó, luego buscó el cuerpo del Fascinador. Allí había otra de las pequeñas radios que hablaban un idioma extranjero, otro conjunto de utensilios de comer, y nada más.
George fue a la puerta de al lado. Cuando llamó, una de las cosas-serpiente respondió:
¿Quién es?”.

Un amigo del Señor Coney. Quiero verlo”, dijo George.

Salió hace un momento, pero regresará”. La puerta se abrió con un crujido, y cuatro ojos amarillos se asomaron. “¿Quiere entrar y esperar?

De acuerdo” dijo, sin mirar a los ojos.

¿Está solo aquí dentro?” preguntó George, mientras la cosa cerraba la puerta, dándole la espalda.

Sí, ¿por qué?
Le cortó la garganta desde atrás, luego registró el apartamento. Encontró huesos y calaveras humanas, una mano medio comida. Encontró unos tanques con unas enormes y gordas babosas flotando dentro.
Las crías pensó, y las mató a todas.
Había armas también, de un tipo que nunca había visto antes. Disparó una accidentalmente, pero por fortuna no hacía ruido. Parecía lanzar pequeños dardos envenenados. Se la guardó en el bolsillo y tantas cajas de dardos como pudo. Luego, volvió al apartamento de Lil. Cuando ella lo vio, se retorció de terror.

Relájate, cariño” dijo él, abriendo su bolso. “Sólo quiero tomar prestadas las llaves de tu coche”.
Tomó las llaves y bajó por las escaleras a la calle. El coche estaba aparcado en el mismo lugar de siempre. Lo reconoció por la abolladura en el guardabarros derecho. Entró, arrancó, y comenzó a conducir sin rumbo fijo. Condujo durante horas, pensando con desesperación, buscando alguna salida. Encendió la radio del coche para ver si podía encontrar algo de música, pero no había nada excepto noticias y eran todas sobre él, George Nada, el maníaco homicida. El locutor era uno de los amos, pero sonaba un poco atemorizado. ¿Por qué debería estarlo? ¿Qué podía hacer un solo hombre?
George no se sorprendió al ver el control de carretera, y paró en una calle lateral antes de llegar. “Ningún viajecito a la cárcel para ti, Georgie”, se dijo a sí mismo.
Habían descubierto lo que había hecho en casa de Lil, así que estarían probablemente buscando su coche. Lo aparcó en un callejón y tomó el subte. No había alienígenas allí, por algún motivo. Quizá tenían demasiada clase para tales cosas, o quizá porque era muy de madrugada.
Cuando por fin subió uno, George se bajó. Salió a la calle y fue a un bar. Uno de los Fascinadores estaba en la TV, diciendo una y otra vez, somos vuestros amigos. Somos vuestros amigos. Somos vuestros amigos. El estúpido lagarto sonaba aterrorizado. ¿Por qué? ¿Qué podía hacer un solo hombre contra todos ellos?
George pidió una cerveza y, de pronto, le sorprendió la idea de que el Fascinador en el TV no parecía tener ya ninguna fuerza sobre él. Lo miró de nuevo y pensó, tiene que creer que puede controlarme para poder hacerlo. La más tenue señal de miedo de su parte y el poder de hipnotizarme se ha perdido. Mostraron su foto en la pantalla y George se retiró a la cabina telefónica. Llamó a su control, el Jefe de Policía.
Hola, ¿Robinson?” preguntó.

Al habla”.

Soy George Nada. He descubierto cómo despertar a la gente”.

¿Qué? George, no cuelgue. ¿Dónde está?” Robinson se oía al borde de la histeria.
Colgó, pagó y salió del bar. Probablemente rastrearían la llamada. Tomó otro subte y fue al centro. Estaba amaneciendo cuando entró al edificio de los estudios de TV más grandes de la ciudad. Consultó al portero del edificio y luego subió en el ascensor. El policía en la puerta del estudio lo reconoció.
¡Eh, usted es Nada! balbuceó.
A George no le gustó dispararle con el arma de dardos envenenados, pero tenía que hacerlo. Tuvo que matar a varios más antes de entrar en el estudio, incluyendo todos los técnicos que había. Se oían muchas sirenas de policía fuera, gritos excitados, y pasos que corrían por las escaleras. El alienígena estaba sentado delante de la cámara de TV diciendo: Somos vuestros amigos. Somos vuestros amigos y no vio entrar a George. Cuando George le disparó con el arma de dardos, simplemente se paró a mitad de la frase y quedó sentado allí, muerto. George se acercó a él y dijo, imitando el graznido del lagarto: ¡Despierten, Despierten! ¡Véannos como somos y mátennos!.
Fue la voz de George la que la ciudad oyó esa mañana, con la imagen del Fascinador. Entonces, la ciudad despertó por primera vez y la guerra comenzó. George no vivió para ver la victoria final. Murió de un ataque al corazón exactamente a las ocho en punto.

Título original: “Eight O’clock in the Morning
Ray Faraday Nelson (1963)

Eight O’clock in the Morning” es la historia corta que inspiró el guión de la película "They Live!" de John Carpenter (1987)

Traducción: Christian Giambelluca


Radio Ameba, p23 - 25.04.2014

Programa de Radio Ameba correspondiente al 25 de Abril de 2014

En ésta emisión, el Oráculo nos pide hablar sobre Los Parásitos.
En "Pantopomicon 10mg" hablamos sobre el duo de synth-pop Jeff & Jane Hudson y la banda argentina Klauss, y escuchamos temas.
En la sección "Chau Radar", Lunes comparte sus textos con nosotros.
En "Tiempos de Rebelión", Carli nos cuenta la historia de la banda street punk The Casualties, y escuchamos temas.
Luego, en el Departamento de Sanidad, comentamos la opinión de Enrique Symns sobre el filósofo alemán Immanuel Kant y su concepción del tiempo.
En la sección "Chacha vs. el Resto del Mundo, leemos las noticias más ridículas de Internet y escuchamos un tema de Guillermo Vilas :P.
Para finalizar, nos despedimos con un tema de la banda punk Crass.

Puedes escucharlo desde el reproductor, o descargarlo desde archive.org



lunes, 21 de abril de 2014

Radio Ameba, p22 - 18.04.2014

Programa de Radio Ameba correspondiente al 18 de Abril de 2014

En ésta emisión, el Oráculo pide hablar sobre las dos caras de la vida.
En "Pantopomicon 10mg" hablamos sobre la banda suiza The Young Gods y el compositor alemán Peter Thomas, y escuchamos temas.
En "Confesiones de Escalera" se sienta en el diván Sebastian García Franz, guitarrista de Junior Starr & Los Bandoleros y Los Misterio.
Luego, en "Tiempos de Rebelión", Carli nos cuenta la historia de la banda estadounidense Bad Religion y escuchamos temas.
En "Mondo VHS", el Sr. Chacha vuelve al videoclub del barrio con intención de llevarse alguna gema del año 1983. La cosa se pone espesa y es rescatado por Chimpa, que viene a devolver Bladerunner.
Luego, en la sección "Chacha vs. el Resto del Mundo", escuchamos la noticia ridícula de la semana y un tema de Felix Da Housecat.
Para finalizar, comentamos un poco más sobre las dos caras de la vida y nos vamos con un tema de Dick Dale & His Del-Tones.



viernes, 18 de abril de 2014

Radio Ameba, p21 - 11.04.2014

Programa de Radio Ameba correspondiente al 11 de Abril de 2014

En ésta emisión, el Oráculo nos pide hablar sobre el Pasado.
En “Tiempos de Rebelión”, Carli nos habla sobre la banda sueca de sleazy-rock Backyard Babies.
Luego en “Chau Radar”, Diógenes Prometeo Proudhon comparte con nosotros sus palabras, pero algunas… qué palabras!!
En “Pantopomicon 10mg”, hablamos sobre el dúo sueco de 8-bit pop Rymdreglage (aka Ninja Moped) y el músico polaco Krzysztof Komeda, y escuchamos temas.
Luego en el “Departamento de Sanidad”, comentamos el tema de los desechos propios y ajenos.
En la sección "Chacha Contra el Resto del Mundo", comentamos las noticias más ridículas de la semana en Internet y escuchamos un tema de la banda Phoenix.
Finalmente, dejamos tarea para el hogar y nos despedimos con un tema de las bandas de hardcore-punk finlandés Rattus y Kaaos.







sábado, 5 de abril de 2014

Radio Ameba, p20 - 04.04.2014

Programa de Radio Ameba correspondiente al 04 de Abril de 2014 

En ésta emisión, el Oráculo nos pide hablar sobre el Trabajo... eventualmente, acabamos hablando sobre su siamés, el Dinero. 
En la sección "Pantopomicon 10 mg", hablamos sobre la banda belga Brainticket y los londinenses de Test Dept. y escuchamos temas. 
Luego, en "Confesiones de Escalera", conversamos sobre universos interiores y exteriores con Enrique Gomez Vega, músico en la banda Todos son Culpables. 
En la sección "Tiempos de Rebelión", Carli nos cuenta la historia de la banda británica hardcore-punk Charged GBH, y escuchamos temas. 
En la sección "Mondo VHS", comentamos algunos de los grandes hits de la gran pantalla en el año 1982. Luego, seguimos conversando sobre el trabajo y el dinero y cerramos por ésta semana. 

Puedes escucharlo desde archive.org